Monday, September 15, 2008

Cubículo estrecho

Todos conociamos a esa gran estúpida. Vaya que lo era. Compartíamos un cubículo y a veces cruzábamos algún saludo en el checador electrónico. A pesar de que su voz era chillante y sofocante, la gran estúpida,tenía el trasero más hermoso del mundo. El ojo del mundo, debajo de esa falda verde donde se dejaban ver las marcas de su diminuta ropa interior. Las increíbles curvas no están rumbo al norte. Las tetas más hermosas se pasean al lado de mi escritorio, me saludan en tono burlón, y se esconden cuando la gran estúpida me mira y pregunta ¿Qué madres ves, puto? yo nunca respondo a este tipo de pregutas. ¿Que qué te veo? en primer lugar eres la GRAN ESTÚPIDA, en segunda: tienes un increíble culo y no me mientas puta, adoras que te mire por el rerovisor.

Sunday, September 07, 2008

Palabras Malditas

CHIQUITA: ERES LO QUE MÁS QUIERO
PERO TAMBIÉN LO QUE MENOS NECESITO

Friday, August 01, 2008

INúTIL

Es inútil seguir pensando en ti Carola.
Es inútil seguir persiguiéndote.
Es inútil decir que vuelvas.
Todo a la mierda entonces.
El problema es que vuelvo otra vez.
tú tú tú. tu tu tu.
tarari.laralu.tralala.


Es que en realidad quiero escribir todo sobre ti.
En todos lados, hasta en mis axilas. je.

Wednesday, July 23, 2008

Buen día, Carola

Quisiera, entre otras muchas cosas, meter la etiqueta que sale de tu camiseta. Sólo para empezar. Tal vez me golpearías, qué me importa. Y tu madre, que va siempre a tu lado gritaría cualquier pendejada. Mi madre duerme mientras la tuya grita. Tienes el cabello mal cortado y eso me encanta. Quedo sorprendido ante el movimiento gracioso de tus caderas. Vaya mierda no tenerte a mi lado, justo aquí Carola. Quiero estar en todas las partes de tu cuerpo. Olerte todo el tiempo, dejar de fingir que no te veo ni te sueño. Aunque algunas noches prefiero no desearte tanto como hoy. Carola, ¿serás mía alguna vez? ¿Estarás aquí cuando lo necesite? ¿Serás la chica que soñé? Ayer caminé detrás de ti y cuando doblaste en la esquina pensé en lo de la etiqueta, admito que también imaginé besar tu cuello. Imaginé a tu madre atada a un poste mientras escapábamos hacia otra ciudad, mientras te besaba y tus bragas remendadas caían. Quiero rodearte con mis brazos e imaginar que estaremos así toda la vida. Vamos Carola, sacas mi lado cursi que tanto detesto. Soy patético cuando me pongo cursi. Déjame meter la etiqueta de tu pantaleta y después olerla, olerte Carola.
Quiero tomar tus manos y chupar tus dedos. Meter la punta de mi nariz en tu obligo y soplar en tu estómago. Hoy recordé la primera vez que nos vimos a los ojos. No dejábamos de hacerlo. La segunda vez yo temblaba sin embargo te saludé a lo lejos. Me respondiste con movimiento rápido y eufórico. Ello indicaba que al menos te acordabas de mí. Queríamos estar juntos. Fui hacia tu lugar cuando de repente una mujer, alta con pestañas postizas y cabello teñido, se acercó a ti antes que yo y partiste con ella. Tuve que disimular. Disimular los deseos y mirar hacia abajo. Maldije a tu madre, lo acepto. Pero no sabía que se trataba de tu madre, Carola. Parece que tú tampoco la soportas más. Cuando tu madre habla, tú solo mueves la boca. Como si masticaras un disgusto. Y miras a todos lados excepto a ella. Y qué extraño, de todos tus movimientos, el de la boca, es el que más adoro.
Cuando llegué al departamento, lo primero que vi al mirar por la ventana fueron tus pantaletas y brasieres. Algunos todavía goteaban y mojaban la azotea. Y después te vi a ti, tratando de quitar una mancha difícil en una calceta blanca. Tus brazos eran lindos y se movían rápidamente. El jabón hacia burbujas entre tus dedos. Dedos delgados y arrugados por el agua. Comenzaste a bailar graciosamente. Comprendí que estaba en el lugar perfecto y que mi cuerpo estaba apunto de estallar.
Los espejos están opacos. El vapor de la ducha intenta escapar por las ranuras de la puerta. Las cucarachas se esconden en el grifo y las más pequeñas y glotonas flotan en el tazón con leche. Mililitros de leche, los que no pude tomar, los que olvide lavar después de comer cereal. Me baño y miro la regadera. Ahí está tu carita, sonriéndome. Aunque ya no me gusta que las situaciones se den tan rápido, realmente quiero que estés a mi lado ahora. Que tus calcetas estén por todo el cuarto. Arriba de mi computadora o dentro del refrigerador.
Sigo pensando en ti Carola. Imagínate, diversión y abrazos. Con nosotros vivirán diez perros con historial callejero. Sus narices húmedas olerán tus rodillas pero yo seré el único que podrá morderlas. Le ladrarán a tu madre cuando nos visite.
Estoy sentado en el colchón gris. Hace muchos años que duermo en él. Si estuvieras aquí seguramente te gustaría. Y si no, podríamos comprar otro. Sentado enfrente del televisor apagado y leyendo los anuncios publicitarios de hace tres días en un periódico. Recuerdo tus piernas y siento el estómago vacío. Tus manos pequeñas, tu risa infantil, tu caminar de pingüino, tus ojos hermosos. Y tu nombre. No sé cuál es tu nombre. Yo te he bautizado con éste. Se a ere o ele a. A veces escucho que tu madre te grita Caro. Preferí llamarte Carola a Carolina. Incluso pude haber escuchado mal y en realidad es Corina, Carol o Charo. Hoy es domingo y tengo que trabajar diez horas frente a la computadora. Pero mañana cuando partas hacia la escuela, te esperaré en la esquina donde tomas el autobús y tu madre te despide. Te seguiré como un perro, deseando meter la etiqueta de tu suéter verde, subir tus calcetas, olfatear, olfatearte. Mañana fingiré mi ansiedad para que no huyas de mí. Al fin sabré tu nombre. Buen día Carola, Carolina o como te llames.



Monday, July 14, 2008

Sopa Fría

Sopa fría mamá. Coágulos de grasa flotando mamá. Sírveme mamá, sin calentar.

Thursday, July 03, 2008

C A R O L A

Quisiera, entre otras muchas cosas, meter la etiqueta que sale de tu camiseta. Sólo para empezar. Tal vez me golpearías, qué me importa. Y tu madre, que va siempre a tu lado gritaría cualquier pendejada. Mi madre duerme mientras la tuya aúlla. Tienes el cabello mal cortado y eso me encanta. Tienes algo que aumenta mi temperatura. Quedo sorprendido ante el movimiento gracioso de tus caderas. Vaya mierda no tenerte a mi lado, justo aquí Carola. Quiero estar en todas las partes de tu cuerpo. Olerte todo el tiempo, fingir que no te veo ni te sueño. Carola, ¿serán mía alguna vez? ¿Estarás aquí cuando lo necesite? ¿Serás mi chica alguna vez? Ayer caminé detrás de ti y cuando doblaste en la esquina pensé en lo de la etiqueta, admito que también imaginé besar tu cuello. Imaginé a tu madre atada a un poste mientras escapábamos hacia otra ciudad, mientras te besaba y tus bragas remendadas caían. Quisiera, si me lo permites rodearte con mis brazos e imaginar que estaremos así toda la vida. Vamos Carola, sacas mi lado cursi que tanto detesto. Soy más patético cuando soy cursi. Déjame meter la etiqueta de tu pantaleta y después olerla, olerte Carola.

Monday, June 16, 2008

La langosta Cecilia


La señora Castilla horneaba panqués. Su esposo no tardaría en llegar. Ella era impecable en todo. Su casa era impecable, su historial era impecable. Sólo el drenaje estaría apunto de averiarse. La mesa estaba puesta para la cena, los cubiertos brillaban, los dientes de la Sra. Castilla rechinaban de limpios, el suelo reflejaba su felicidad. La casa olía a frutas, a panqué de plátano y brisa tropical. ¡Magnífico!
Mariano está en el jardín recién podado. Las cochinillas duermen bajo las rocas, las lombrices se asean, las hormigas comen las migajas del delicioso panqué de la noche anterior. La langosta inflable avanza lentamente dentro de la piscina, el viento suave la lleva a la orilla, Mariano la ve. Él tiene cinco años. La langosta es de un naranja brillante. El costado señala SUPERVISION DE UN ADULTO, MADE IN HONG KONG, las demás letras se han borrado. Mariano lleva los zapatos cafés, el suéter a rayas y pantalón corto. Sus manos están manchadas de tierra porque ha buscado chicatanas desde la mañana. Su madre lo regañó, lo metió a bañar, y ahora busca de nuevo. Mariano es un excelente explorador de bichos.
La langosta tiene una gran sonrisa roja. Los grandes ojos de la langosta tienen grandes pestañas. Mariano no puede resistirse a jugar con ella. Recuerda las carcajadas y lo divertido que era jugar con aquel inflable. Pero ¿no se había rota ya? ¿Acaso mamá no lo había desechado? Él estaba ahí cuando el camión de la basura se llevaba a la langosta Cecilia, él vio cómo sus tenazas se asomaban por encima de las bolsas negras. ¿Acaso la langosta Cecilia había regresado? Mariano no se resistió ante la emoción y mientras su corta mano derecha trata de estirarse un poco más para llegar a la gran langosta naranja, su otra mano resbala, sus pies se mojan, su suéter a rayas queda empapado. No se escucha ni un chapuzón. La Sra.Castilla está preocupada porque un plato no rechina. Nadie escuchó nada, pero alguien lo vio. La langosta flota boca abajo, ahora se observan advertencias ilegibles. Ahora, la langosta Cecilia tiene una gran cara triste. Se llamaba Cecilia, como la madre de Marianito.

Thursday, May 22, 2008

ENCIAS MORADAS

La saliva espesa y pocos dientes. La cavidad blanda y hedionda, el comienzo de un tobogán pegajoso. Un esófago que se une con grapas al estómago irritado. El bolo alimenticio que perturba los intestinos agujerados. La piel como una gran sonrisa de abuela, lenta y arrugada. Así es T-rex, mi perro, el que me ladraba cuando quería probar de mi bistec, orinar o salir a pasear en auto. Ahora es viejo y torpe. Sin caducidad alguna, sin remedio, sin pronto aviso, de la nada. Así llegó a mi puerta, en los brazos de Lorena, hace más de diez años, poco menos que un chasquido. Ella apareció pidiéndome asilo por varias semanas, yo no me negué. Es decir, no balbuceé ante una chica castaña con medias rosas y pelo rizado. La piel tostada me obligó a darle un cuarto, baño propio y una taza de café. A los cuatro meses estábamos casados y nos mudamos más cerca del centro y más lejos de la comida fría, T-rex iba creciendo y necesitaba un jardín, conseguimos una casa con dos árboles, por fortuna, no había flores. Lorena aún no aprendía a cocinar, en algunas ocasiones comíamos directamente de las latas. Cuando ella se decidía a sacar el sartén y preparar algo, todo se reducía a lanzarle chuletas quemadas a T-rex. La carne rosada y jugosa, sólo ella conoce lo crocante de mi cráneo. En la oficina yo pasaba ocho horas frente a la computadora y cuatro más frente al televisor. Comencé a salir menos porque quería estar a su lado todo el tiempo, como una chinche. Lorena se divertía en la casa, con juegos de mesa, de video, matando arañas y bañando al perro. Al principio fue difícil decir que no tenía tiempo, que tenía un compromiso que no molestaran con sus juegos de póker y bautizos. Después fue más sencillo: las invitaciones cesaron. Así cesó mi vida matrimonial. Sólo T-rex se quedó conmigo, por instinto animal, sabe que lo cuidaré por el resto de sus días. Ese perruno abuelo distingue el olor de la muerte y de los calcetines agrios, sabe quién es bueno y quién se ha robado mi correspondencia. A pesar de eso, él sólo resopla. Un bulldog viejo, gordo y café que sabe morir. Llegó en los brazos de Lorena, envuelto en una manta azul, lo recuerdo bien. Hace varios años, en tiempos de lluvia, terminaba dormido debajo de la cama, resoplando la pelusa, soñando con cartílagos jugosos, espinas dorsales y huesos esponjosos.
Sucedió un miércoles, después de la oficina, Lorena escribió con plumón negro sobre un ticket arrugado.

LAS SALCHICHAS ESTÁN FRÍAS, NO HAY GAS, T-REX NECESITA CORTE DE UÑAS. MIS ÚLTIMAS RECOMENDACIONES.

Y dos centímetros más abajo

ME LARGO, ME ABURRES.

No sé mi condición marital, Lorena me ha abandonado, no sé si tenga algún plan para joderme la vida o quedarse con el dinero. Al principio no creí nada, Lorena jugaba con esas situaciones todo el tiempo, como la vez en que me envió un sándwich de atún caducado y sardinas rancias. Le agrada jugar a las mentiras retacadas de bilé. ¡Uno, dos, tres, ahora no me ves! Decía ella, Yo no sé cómo puedo estar contigo, repetía. Y yo me repito, no debo confiar en las mujeres con medias rosas que menean su curioso trasero frente a la barra. Ella podría conquistarme de nuevo, pero no volvería casarme. Puede estar al otro lado de la pared o debajo de los neumáticos, escondida en la cajuela o trepando el techo. Terminemos con esto. Como Lorena hacia bromas estúpidas de vez en cuando, yo creía que esa nota no era más que eso. Lo seguí creyendo ciegamente al tercer día. A la semana pensaba en qué le diría cuando volviera, que su broma había sido estupenda que sí me la había creído y posiblemente preguntaría ¿cómo está tu mamá? Pasaron dos semanas y empecé a buscarla. Al mes me di por vencido. A los dos meses me envió una postal horrenda. En ella sólo decía: ¿TE ARDE? De inmediato vi a T-rex y con una voz grave le dije: seguro es para ti. T-rex., sólo resopló. Me recosté en nuestro sillón rojo y cuando escribo nuestro me refiero a T-rex y a mí. Fumé, tomé jugo de arándano, saqué la basura, oriné, leí y le quité algunas malas pulgas al buen T-rex.
¿Qué si me arde? Vamos nena, aquí el calor no existe, no puedo exaltarme con esa tinta verde fluorescente. Tu letra tan vulgar, no hace efecto en mis pupilas de acero. Gracias por avisarme: estoy de maravilla, el sol es exquisito y es una pena que no estés conmigo, por cierto, me llevé el efectivo del cochinito pero te mando esta horrenda postal. ¿Qué si me arde? Supongo que a ti te arde más la cara y la espalda por aquello del solecito. Eso era lo que pensaba mientras la bazofia se evaporaba y la gotera gritaba ¡Plic! ¡Plac! .Recostado en el gran sillón rojo que sólo pertenecía a T-rex y a mí. Matando cucarachas y remojando las galletas en mi vaso de leche. Después de la llegada de la postal, me dediqué a contemplarla por lo menos dos horas en la mañana (antes de partir a la oficina) y tres en la noche (después de lavarme los dientes), no era tan horrenda después de todo. Barata, claro. Me alegra que Lorena no gaste mis ahorros en postales caras, prefiero que se compre algunos martinis o un lindo pareo. ¿Quién se casa para después largarse? Sólo Lorena, la mujer multifacética, la increíble puta que ha abandonado al buen T-rex. La que se ha largado con mi pijama y ha comido de mi plato. Ella insistió en casarnos, a mí me parecía apresurado y de mal gusto. T-rex fue testigo de los ocho años de un matrimonio perfecto, porque cuando el salario es perfecto, todo está de maravilla. Soy un parásito vencido. Una gelatina que no ha cuajado. La llamo puta porque para ella no es una ofensa, es apenas un rasguño para su integridad. La puta feliz, la que ha desfalcado mi alcancía y algunos cheques. De cariño, porque para Lorena esto es un nivel básico. Lo hará una y otra vez y yo, como T-rex, estaré ahí cuando llegué, un poco más viejo y desaliñando, pero ella llegará y me despertará en medio de mi resaca, al lado de la baba espesa y olorosa, junto a veinte colillas, debajo de la mesita de centro, con la postal entre mis manos frías. Mi camiseta tendrá un olor levemente ácido, T-rex resoplará, lo hará una y otra vez por el resto de sus días. Sólo Lorena conoce las mentiras caliginosas y las buenas noticias. Nos conocimos porque frecuentábamos los mismos lugares, ella me sonrió y yo saludé cortésmente, a la semana siguiente ya éramos amigos. Y cuando llegó a mi casa—con T-rex en brazos— pensé, Ahora te toca a ti, es decir, esconderla de un tipo, de la ley, de sus relaciones pasadas y disfrutar de las noches a solas. Me había contado de sus aventuras anteriores, es una mitómana. Ahora puedo reconocer a una con tan solo ver sus labios, sin embargo aquella vez su labio superior reflejaban una sinceridad instantánea. Años más tardé me di cuenta que le diría lo mismo a otro, luego a otro tipo más enclenque e incluso aun cadáver. Pero yo me casé con ella. Me casé con sus clientes y su mala vida. Me casé con T-rex y ella sólo se casó con mi chequera. Estoy seguro que volverá con un recuerdo barato, una playera estampada o un bolígrafo de tinta negra.


Hoy Tomé una postal vieja y escribí.

NO TRAIGAS ARENA NI QUEMADURAS. OLVIDA TUS SANDALIAS EN EL HOTEL, LLÁMAME CUANDO ESTEMOS BIEN. NO REGRESES HOY.
Y tres centímetro abajo

OH MI PEQUEÑA ARRABALERA

Lengüeteé el timbre postal mientras T-rex tomaba agua del escusado. No llegará nunca al destinatario porque la dirección no existe. Pero, qué puedo hacer con esta maldita ansiedad de volverla a ver y contarle que T-rex cada día está más triste. El humo ataca mi sistema nervioso, la taquicardia comienza y en menos de un chasquido estoy frente a la estufa, hirviendo huesos para T-rex, asando cebollas para mí, pulverizando mi amarga situación marital. Es cuestión de tiempo y jueces. Retacaré su boca de gomitas azucaradas. Es lo que se merece. Una tráquea fresca y palpitante. Un resoplido me despertará. Será T-rex pidiéndome que los huesos esponjosos sean más blandos porque tiene dos dientes menos. Las encías sangran, no soportamos la idea de no estar juntos, tenemos las encías moradas. T-rex y yo.

Sunday, April 27, 2008

Mamá, yo no estoy ahí.



Placenta, sintetizador y alquitrán, mamá se fue a trabajar. Uvas, caramelos y azafrán, señales preventivas y ya está. Rojo amarillo y verde. Verde, amarillo y los autos paran, mamá va conduciendo rumbo a mi escuela (No se ha dado cuenta que no estoy ahí). Escucho los disparos, el rugido del león, los dinosaurios y cavernícolas detrás de la pantalla. Caricaturas a las siete de la mañana de un lunes: Delicioso. La muerte de la gallina barbuda, el circo de los fenómenos, ahí va. El televisor que ahora grita y saca su lengua larga me dice: veme toda esta mañana y tu madre nunca lo sabrá. No me importa. El televisor vecino, suspira cansado después de comerse a una familia entera. Dos disparos, ¡Bam, splash! Un poco de agua al televisor. Chispas y cortos circuitos en la cuadra. En la pantalla se asoma un asesino serial y nos dice: cálmense todos, yo sólo vengo por sus hojuelas de maíz, ¡Crash! ¡Crash! Me muerdo la lengua. Pronto llegará el técnico electricista, el periodista, el gobernador y mi mamá. Tal vez no.


Los zapatos boleados. Tengo ganas de gritar. Esto ha pasado más de tres veces, No la amo como decía la carta. El desayuno es muy colorido, siempre es así, bolitas de fruta, carita feliz en mi panqué, la leche sabor choco-banana y la margarita en el vaso. ¡Surf!¡Pool! Orino en mis pantalones. La televisión me ha observado todo el tiempo. Hoy no puedo ver mi reflejo. El de ahí no soy yo, sin embargo me copia, copia mis movimientos y mi estornudo. Nos saludamos pero hoy no lo puedo ver. Siempre gana en los videojuegos y cambia de canal en la parte más emocionante. A los dos nos gustan las palomitas acarameladas pero esta mañana no está. ¿Por qué tarda tanto mamá?


Ayer vi Motoratones hasta muy tarde y me quedé dormido. A pesar de eso no tengo sueño pero siento flotar. La rutina de mamá siempre es igual, despertar, vapor en el baño, desayuno, delineador y cinturón de seguridad. En septiembre cumpliré nueve y tendré una motocicleta, un capítulo más, el siguiente canal. Abrázame mamá. Abrázame televisor. Abráseme usted.
Me he dado cuenta. ¡Toc¡ ¡Toc¡ en el vidrio. Ese niño me ha timado. Ha escapado por la noche y ha entrado en mi cuerpo. Soy un chico atrapado en un televisor. Estaré en tus caricaturas, Morderé nalguitas a las niñas, nunca dormiré, soy un monstruo televisivo, ya no más escuela, ya no más mamá por las mañanas. Prefiero estar aquí, seguramente ahora lo regañan por no hacer la tarea. Por ver Motoratones hasta tarde. Será sencillo escapar, cuando ella aspire cerca del televisor le susurraré Mamá, yo no estoy ahí. Y notará la diferencia, Tal vez no.

Monday, April 14, 2008

Látex-Látex: Si entras, no te quejes

La cucaracha sonámbula paseaba por los azulejos sucios. La cañería y los tornillos se oxidaban lentamente. El baño de la cantina no estaba decorado. Era austero y triste. Como siempre no había agua pero sí mucha mierda acumulada. Sólo usaría el mingitorio y un poco de papel para limpiar mi frente sudorosa. Eran tres espejos, uno muy opaco, el segundo lo unían pedazos de cinta adhesiva, el tercero lo robaron, dejando sólo una cara feliz que cubriera el vacío. Los productos de limpieza estaban debajo de los lavabos, un trapeador calvo, una fibra verde, las pequeñas pastillas desodorizantes que producen un olor igual de horrible que la mierda de una cantina —yo prefiero el olor de la orina de mi mujer—y un par de guantes de látex color rosa. Entró el sujeto extraño de la pajita y me ofreció un condón. Lo acepté como él acepto mi propina: Sin preguntar. Me metí al baño, con mi pie bajé la tapa del escusado, bajé mis pantalones, colgué mi chaqueta en un ganchito, me senté y leí las injurias, maldiciones, obsesiones, fantasías y anonimatos que cubrían la puerta metálica. Técnicas mixtas: plumón de aceite sobre pintura barata. Tinta roja sobre tinta azul. Un salmo estaba escrito con letra de molde. ¿Cómo podían escribir así? Soy un hombre de mediana estatura y mis rodillas chocaban con la puerta impidiendo que mis nalgas estuvieran cómodas, mis manos apenas podían moverse. Era un pequeño cubo que encerraba a un sujeto mediano pero obeso. Claro, es una cantina, pero esa letra era redondita y el señor de la pajita seguramente estaba encargado de amonestar a los que se encuentren rayando esas instalaciones. Siempre hay personas ágiles, incómodas y amonestadoras. Siempre hay un baño así, qué importaba eso. Pero resultó que el señor de la pajita era un engaño, mi condón resultó ser usado y a mi esposa, esa noche le dolía al orinar. Me subí los pantalones, olvidé mi chaqueta por unos segundos y regresé, aventé el condón por la tubería y me largué. El señor de la pajita era un engaño, sí, eso me informó el cantinero al momento de mi salida, al menos eso entendí.
Hey, joven—me dijo mientras llenaba algunos tarros— ¿Encontró un señor ahí dentro? Sí. ¿Le ofreció…le vendió algo? Sí, me dijo que era de cortesía, Verá…es un demente, no encuentro como sacarlo de aquí, se escabulle como las tuzas—terminó de servir los tragos y yo no supe que decir— Vaya mierda.
A esa cantina entras bajo tu propio riego. Si entras, no te quejes—decía el letrero de la entrada— seres multifacéticos, largas barbas, grandes vellos, pezones rosas, perros cojos, ladrones simpáticos, drogas sintéticas, bola ocho y un señor que se divierte al regalarte condones usados, pegados de una manera tan minuciosa que el receptor sonríe en su mente: justo lo que necesito. Y la chica de la limpieza—con su horrible uniforme de asalariada que acomoda graciosamente su trasero— le sonríe al receptor de una manera fugaz. Los guantes de látex abren oportunidades, más el color rosa. Entienden el mensaje y la culminación es un pequeño grito que viaja al bullicio y se pierde entre las zapatillas.
¿Eso es lo que hace ese sujeto con los borrachos empedernidos?—dije después de unos segundos— Así es joven, así que le recomiendo que lo tire enseguida, lejos de aquí. Suele...recogerlos de nuevo, el maldito tiene un olfato privilegiado. Yo se lo digo porque es usted de confianza. Los demás me valen madres. No quiero desmadritos de maricas. ¿Y si alguien le armara uno por insalubridad? Tengo a la nena bien puesta. Claro, buenas noches Don. Alzamos la mano para despedirnos y salí corriendo al auto. Rubias, vestidos de lentejuelas, cerveza barata, lenguas gordas, palomitas gratis, enfermedades a la orden del día. No volví. No recuerdo muy bien como asimilé el asco y la desgracia, la lujuria y el desmadre. Mi garganta regurgita cada vez que pienso en esto y en las cosas usadas o sucias pero mi mente lo disfruta. Llegué a mi casa y como les decía mi esposa hacía muecas al orinar, un pequeño ardor. La encontré sentada con la puerta abierta. La besé y me lavé los dientes junto a ella mientras me contaba las posibles causas de su ardor mientras tomaba el papel higiénico. Yo escupía las burbujas que provocaba la pasta dental. Le asentía y también pensaba en mis propios ardores.
Las cucarachas ciegas corren despavoridas por la luz, ingredientes ácidos, colorantes artificiales, orina y guantes de látex. Rosados por supuesto. Le insistí a mi mujer en comprarse unos pero eligió los morados. Mala suerte, terminaron en la basura con hoyitos en los dedos, un olor a semen —los olí a escondidas durante varios días—ese agradable olor a látex que despide mi corazón. Más hidrocarburos. Fueron días ligeros después de ir al doctor. Pastillas, limpieza y protección. La suciedad no ha excitado mi cabeza hasta ahora. A veces, como ahora, recuerdo a la chica de la limpieza con melancolía. El bar fue clausurado, el Don ahora se dedica a vender productos naturistas. Mi mujer es feliz orinando. Yo soy feliz oliendo y manejando a cien kilómetros por hora. Iremos a Brasil en seis meses, donde usaré anticonceptivos nuevos, empaquetados perfectamente con olor a frutas tropicales. Amo a mi mujer aunque no le guste usar guantes al momento de hacerlo. A pesar de todo, ella me ama también.

Thursday, April 03, 2008

Las cucarachas son ciegas y Sebastián es mudo






Sebastián no fue aceptado en la clínica psiquiátrica, es inofensivo señalaban los médicos, Maníaco depresivo. Sebastián no recordaba que estaba casado, que había sido profesor de biología ni que había vivido en Díaz Ordaz, sin embargo estaba muy cómodo en esa casa de algún rincón de Etla, ahí come y bebe mezcal, goza de placeres y comete pecados,. Ahora, camina lentamente por la carretera como una cucaracha a la cual le han cortado la cabeza y, el cuerpo, carente de orientación termina boca arriba, moviendo sus patas espinosas como si corriera un maratón para después morir de inanición. El estado emocional de Sebastián era afectado por los gritos de su esposa quien era una extraña caritativa que le ofrecía sexo y mordiscos.
Fue en la mañana, dormían en una cama matrimonial, Sebastián extendía mucho los brazos y piernas dejando a ella muy cerca de la orilla y de la mesa de noche, eran las once de la mañana en domingo. Sucede que Sebastián tenía pesadillas, y ya comenzaba a balbucear: cue lam e, sí no rian ¡Ña blas, non! Entonces, despertó alarmado, desconociendo el cuerpo de su mujer. Sebastián gruñía al tiempo que la empujaba. Ella despertó repentina y aturdidamente, así que su cabeza chocó con la mesa de noche y cayó bruscamente sobre su delgado brazo ¡Mírame Sebastián!— gritaba la mujer— ¡Tengo el brazo roto y no haces nada! ¡Me lleva la chingada!, ¡Te cortaré la boca de una vez por todas y la masticaré tantas veces que no la podrás encontrar en mi garganta ni en la mierda! Ella exageraba, era la rabia de haber sido despertada de manera tan violenta, en realidad, le dolía más el orgullo que el brazo. Siguió gritándole hasta que Sebastián salió sin nada más, dejándola sola con su histeria.
Afuera: grandes rótulos de bandas gruperas, terrenos baldíos, un perro negro que duerme mientras las moscas delinean sus ojos, lamiendo y saboreando la mugre y algunas se asean en el lomo del canino. Los treinta y siete grados centígrados no descienden al nadar en albercas públicas con la orina caliente y el traje de baño en oferta.
La vida de Sebastián había sido placentera, los vecinos no le temen pero raras veces le saludan, Don Sebas, el loquito ese, el esposo de la señora que está media loca, así lo conocían porque nunca hablaba con nadie y nadie quería hablar con él. No tenían hijos, así que la mayoría del tiempo ella pintaba paisajes y los vendía.
El estómago le gruñó Sebastián entró a la tienda, pidió una manzana, dos pesos, mira el fruto, mira al dueño, está mallugada, mira de nuevo la manzana. Mira, dame un peso, qué importa, es la última, pero nada regalado, este calorcito es insoportable, ¿La quieres o no? Sebastián le extiende la moneda de dos pesos que se ha encontrado en el camino. Sale y mordisquea como un conejo, la termina y tira el corazón. Y ahí, en medio de la carretera, arriba del asfalto caliente y al lado del rótulo que sugiere “Vota así”, comienza a mordisquear sus brazos, trata de lamer su sudor, siente los delgados vellos de sus brazos, derecha, izquierda, desabrocha su camisa la sacude, saltando y tocando sus costillas. Después, abre su boca, mete la camisa, la muerde y regresa a la tienda, trata de estrangular al dueño con la camisa cien por ciento algodón pero sólo logra dejarlo inconciente. Enseguida toma melones, galletas, refrescos retornables y juega a las maquinitas.
No puedes escapar del calor en este lugar como no puedes escapar de tu vejiga, puedes escapar de Sebastián o puedes matar a Sebas porque está acostadito e inofensivo en medio del asfalto, el calor es insoportable, una de la tarde.
A varios kilómetros, los motores se calientan y el semáforo en rojo. Asientos calientes y espaldas sudorosas, franelas húmedas y mugrosas. En el carrito de raspados los popotes descansan en una cajita de cartón: sórbeme, Sórbeme, SÓRBEME, protector para el volante y el hule para los limpiaparabrisas de venta en el crucero.
Sebastián con risa maliciosa: Ella lo ha encontrado como un pescado a la plancha, le dijo que se arrepentía, que lo amaba pero que le era muy fácil desquitar su rabia con él, así me gustas pequeño carbohidrato—cuando ella le llamaba así le devolvía su buen juicio—. Los ojos grandes de Sebastián parecían escucharle. Mientras caminaban hacia su casa se mordían en besos y de besos al colchón sucio.
Debajo del comedor las cucarachas mordisquean las migajas. El libro de Entomología que sostiene la pata coja de la cama señala pueden devorar a sus compañeras muertas, aunque no se atacan ni matan para conseguir alimento. Si pueden elegir, prefieren los hidratos de carbono. Sebastián había puesta una nota en esa página: son ciegas y nunca se perderán. Los gemidos de la pareja salían por la ventana y las ranuras de la puerta. El dueño de la tienda iba despertando lentamente, no recordaba lo que había pasado pero pronto lo hará.

Monday, March 31, 2008

Frutas tropicalísimas: Sara y Cornelio.

Su cuarto apesta a humedad, él está en el baño tratando de recortar cuidadosamente los anuncios de damas que ofrecen o buscan compañía. En el cenicero, un montoncito de colillas forman un monstruo con brazos tan cortos que apenas puede saludarnos. Sí, fuera del cuarto de baño no hay más que un colchón sucio y orinado, ropa sucia, más recortes, jugos en lata y estampas religiosas.
Hoy, Cornelio tiene una cita, su primera cita en veinticinco años. La pajita roja, el perfume barato, pasos de Cha-cha-chá y un cupón del diez por ciento de descuento en el consumo. La recogerá en su casa a las siete en punto. Después de recortar bocas, piernas y palabras, toma una ducha de agua fría. Son las cuatro. Se para frente al espejo opaco que refleja su cara triste y mojada. Los ojos aún le brillan al igual que su cabello. Crema para el cabello: evita la caída, sedosidad y volumen, Cornelio siempre la quiso con olor a frutas tropicalísimas. Y ahí está, en la repisa de madera, debajo del espejo y arriba del lavabo. Apachurra, lava sus dientes y siguen igual de amarillos. Se sonríe y nos sonríe para luego imaginar que le sonríe a ella.
A varios os kilómetros, Sara siente ganas de orinar. Baja sus pantaletas hasta el tobillo y lee artículos sobre la fiebre amarilla Ordenados cronológicamente, por supuesto, revisa uno por uno, recuerda los síntomas y las cifras de mortalidad. También sabe que tiene una cita, ha buscado en periódicos y líneas telefónicas, Hombre soltero que guste disfrazarse. Golden Shower y trucos de magia Nunca son solteros y terminan huyendo. Los sábados apestan, pronuncia Sara. La fiebre amarilla, susurra la mente de Sara. El chorro de agua. Los mosquitos son diurnos, el agua empieza a calentarse, creo que tengo algunos síntomas, piensa. El chorro cesa y ella se envuelve en su toalla con estampados de pingüinos serios y caracoles sonrientes.
Un pitido enfrente de su casa, es él, en un Datsun azul. Ella sale por la ventana, le hace señas de que espere un momento, él dice que sí, sí, claro. Y luego piensa que tal vez no debió pitar, mejor hubiera tocado la puerta o lanzado una rosa, algo más romántico. Dentro del Datsun los dados rosas cuelgan inútilmente del espejo retrovisor. A ella, por un momento le enfureció el pitido y duda si salir o no. Un mosquito puede atravesar mi piel, náuseas y cefalea, recuerda los síntomas. Toma el repelente para mosquitos. Hola, dice Sara al entrar al Datsun, Cornelio tiembla. Se arrepiente. Enciende el auto y avanzan.

Otra copa de vino por favor, que muero por llevarme a esta mujer a la cama. Otro plato de camarones que deseo vomitar. Otro vaso de agua. Más azúcar, más murmullos. Los órganos trabajan lentamente en la digestión, hay que amenizar la cita, evitar complicaciones en el intestino, murmura el cuerpo de Cornelio. Los genitales hablan sutilmente, se desean. ¿Qué haces? Pregunta Cornelio. Traduzco y doy clases ¿Tú...? Yo Soy cliente de la lujuria. No el mejor, ni el más buscado. Sólo un cliente frecuente. La piel de Sandra se humectaba. Sonreía por largos ratos mientras Cornelio sólo decía mentiras, de aquellas mentiras efervescentes y eficaces. Un alivio cuando no tienes nada qué decir. Ella pagó la cuenta, un ticket blanco con letras azules. Así habían acordado con tal de que fueran al lugar favorito de Sandra. Minutos antes de partir, aún deseaba la Goleden shower, pero estaba mareada y cansada. No era un síntoma de la fiebre amarilla. Cornelio metió las llaves y avanzó por la calzada. Mientras Cornelio manejaba, deseando que todo esto acabara ya, Sara encendió un cigarro y fijaba la mirada en los faroles radioactivos—posible efecto de los camarones o la fiebre amarilla— Cerró los ojos, y se imagino cargando un taladro de poderosa potencia. El letrero SALIDA es sustituido por uno chorreante y fluorescente que dice TREPANACION. Urgencias, las veinticuatro horas no pienso en ti como lo hacía tu madre. La cuenta por favor que a estas horas estoy propensa a que me pique un mosquito, un mosquito portador. Cefalea y vómito negro. Recuerda los síntomas.
Abrió los ojos y comenzó a hablar
Los tacones ya no sirven, clap clap Cornelio, soy muy enfermiza, lo sé es por la fiebre amarilla, sí. Pero no me importa. Antes de morir quiero que seas mi conejito, quiero acostarte, ponerte un poco de anestesia, no te dolerá, he tomado cursos de enfermería. El hormigueo se siente en esta parte, luego pasa ligeramente por acá y terminas soñando con las mejores playas y cócteles. Quiero agujerarte y jugar con tus lóbulos y disfrazarlos con lentes y bigotes. ¿Por qué dejaste que te cortarán tu cordón umbilical? Madre e hijos deben estar unidos como el auricular al cable telefónico. Cornelio, marcamos un número y adivinamos quién está ahí. Esa voz fría y cortante, aquellos gritos de los niños. Los biberones rotos. Los platos flotando sobre el lavabo. La orina cayendo desde unos veinte centímetros. Todo hirviendo. ¿Me entiendes Cornelio? Habla y habla por teléfono. Apuesto que tienes un teléfono de disco ¿sí? Con ese ruidito extraño ¿no? No me tengas miedo, que ya había acabado con esta cita desde que fuiste por mí. ¿Qué importa? Yo quería emborracharme y mírame ahora. Anda, que salga un poco de música de aquel radio oxidado. ¿Cornelio? ¿Qué te pasa Cornelio? ¿No te gustan los taladros? No olvides marcarme que cuando me de la fiebre amarilla quiero alguien con quién charlar. Si algún día tienes tiempo, busca trepanaciones en el directorio telefónico y me encontrarás.
Cornelio solo escuchaba y asentía. La dejó en su casa a las diez. Él siguió su camino pensando en la pésima idea de buscar parejas en los anuncios de las revistas porno.
Ella abría un paquete de donitas glaseadas. Y escribía más anuncios. Y recortaba más artículos de la fiebre amarilla. El tratamiento para la fiebre amarilla susurraba: Consulte a su médico

Thursday, March 13, 2008

A l c a n t a r i l l a d o






La alcantarilla esta ahí, debajo hay fermentación y cucarachas sonrientes. Y aquí estoy yo, sobrio y mirando cómo los autos pasan sobre ella. El alcantarillado por debajo de los motores es igual a los ganglios linfáticos por debajo de la piel. Ayer me drenaron y hoy estoy pensando en tu sexo. Adoro ese crujir de tu aparato ortopédico. Me encantas Merla. Y si estuvieras aquí te lo haría arriba de la coladera. Ámame sobre la coladera y que nos atropellen neumáticos viejos. Me importa un pepino si tu padre ha tenido un derrame cerebral, yo te deseo y lo haré siempre. Esto es un crimen, ¿dónde te has metido? Quiero empezar a contar los litros de tu vejiga, lamer tu sudor y portarme bien. Dime ¿Cuándo volverás? Quiero ducharte y enjabonar tu espalda. Puta madre, estoy aquí parado enfrente de una coladera que también me recuerda a tu madre. Corazón, esta noche bailaré entre huesoso blandos. Luego, les cortaré la cabeza a todas las cucarachas para después ahogarme en la espalda de algún hombre. Por aquí nada está bien, pequeña zorra. Lo que en realidad me importa es lo que te has llevado debajo de tu falda, esa pequeña cajita dorada que seguramente ahora contemplas mientras te ríes de mí. Claro, claro, tu papá sufrió un accidente, claro, lárgate sin despedirte.
Arriba, el teléfono suena seis veces y después el Beep de la contestadora Deja tu mensaje maldita arrabalera: Escucha bien, no te he abandonado, son cosas de negocios. Esta vez, no exageres. No me pude despedir de ti porque no sé dónde te has metido estos días. Cuídate y no te pongas pendejo. Te llevaré regalitos, adiós. Abajo, él suspira y piensa en ella. Casi en medio del pavimento, cerca de la coladera, una paloma yace atropellada y desplumada, de su cabeza escurre un chorrito de sangre que se evapora a las tres de la tarde. Gatos descuartizados cuelgan del alambre en oferta, sus calzoncillos se ondulan sobre el departamento. Un perro olfatea los sudorosos pies del sujeto.
Las cucarachas: mis camaradas. Esos insectos que adoran morder tu espalda, igual que yo. Quiero que los perros te olfateen como a mí me olfatea la mesera de enfrente. Sórbeme nena, SÓRbeme con aquella pajita que —seguramente—reposa en tu martini, tan lejos de aquí. El último trago, sorbe mis residuos, y bailemos un rato.


Monday, February 25, 2008

Romina y Cangrejos Metálicos



Romina era mi vecina, matábamos el tiempo en juegos de video, rifles de plástico, tetris y el ula-ula. En los días lluviosos cerraba las puertas para que yo no entrara, se hacia la dormida y cuando Martha—la madre de Romi—llegaba del trabajo mis pantalones estaban empapados hasta las rodillas, con los dedos arrugados e implorando que cualquier adulto se apiadara de mi desgracia y me llevara consigo, imaginaba desde un circo callejero, un fanfarrón o algún escritor de nota roja, deseaba que fuera cualquiera, hasta un loco disfrazado. ¿Cómo había llegado ahí? De Romina no había recibido más que sonrisas y besos dulces, pero ¿valdrían la pena? Nunca quiso compartirme paletas, confitados o almendras. Ahora me digo vales madre Arturo, estás pendejo.

Martha hablaba de vitaminas, déficit, psiquiatras y ácido fólico cuando se trataba de Romina. Sara le decía que sí a todo, que yo era muy callado, sí, que Romina me maltrataba y que mejor no me trajera más a esta casa, sí, sí. Sí a tus deseos, me parece que así fue como llegaron a la cama. Aquel día comentaron de la fiesta de cumpleaños, sólo botana, dulces enchilados, pastel y disfraces. Yo tenía apenas seis años y la pequeña cumpliría cuatro.
Era increíble que siguiera ahí, en esa casa tan desordenada y maloliente, parado junto a la repisa roja y enamorado de ella, yo era un marciano. El látex del disfraz me hacía sudar, pero no quería moverme. Romina estaba sentada y era un astronauta y celebraríamos su cumpleaños. Arturo, que marcianito tan lindo, te ves fuera de orbita me decía la madre de Romina mientras le salpicaba diamantina en su delgado cabello. Romina estaba envuelta en papel aluminio, Tenía alpargatas negras, no tenia casco pero llevaba diamantina por todo el cuerpo. Era un disfraz muy improvisado y económico pero magnífico para ese día. El pastel era de zarzamora había licuado de manzana y ensalada de zanahoria. Le regalé dos cangrejos que días después fueron devorados por ratas gordas. Éramos seis, Martha, un sujeto que tenía una relación muy extraña con Martha, Romina por supuesto, Sara—mi madre— y yo. Después llegó el papá de Romi —tarde, cansado y con un regalo enorme que seguramente lo había sacado a crédito—Disfrazado de payaso muy triste, Sara le hacía juego porque llevaba una capa y sombrero de mago, Martha era una mujer muy extravagante y cargaba una sudadera enorme muy enorme, lentes grandes y zapatos enromes ¿Qué eres? Preguntaba el papá de Romina. Soy un enano. Ah…Ajá, Martha ¿el tema era el circo? No,no mira a Romina y Arturo ¿te parece muy cirquero el asunto? Cada quien se disfrazó como quería. Yo nunca quise disfrazarme de marciano pensaba, si Romina no me hubiera amenazado, ahora sería un simple conejo, el traje me picaba y de él salía un extraño olor. Martha sirvió platillos sabrosos y coloridos, Nunca vi mejor platillo de cumpleaños porque jamás fui a otra fiesta. Los mayores charlaban y se hacían indirectas, ahora que lo recuerdo, era un ambiente muy incómodo. El papá: incómodo, y el sujeto de la relación extraña con Martha: incomodísimo. Sara, más incómoda con ese sombrero, charlaba y a veces sólo fumaba largos ratos. Más tarde, algunos ebrios y ellas sentadas jugando Jenga, nos gritaron que saliéramos a ver al perro. Por la edad que teníamos los dos, no entendíamos muchas cosas—o nos importaba poco—, así que si nos decían vayan al patio y jueguen con el perro, simplemente lo hacíamos y éramos muy felices.

Yo digo que ese señor no es mi padre, es demasiado patético, decía Romina, ¿Viste cómo se aferraba a la Botella? ¡Ja! ¡Ja! Soy una bastarda. Seguramente ese lenguaje lo había aprendido de su madre, de la mía., de algún vecino o pariente lejano. Yo siempre asentía con una sonrisa o le acariciaba la cabeza en señal de respuesta. Pero esa ocasión fue enteramente distinta. Primero, tomó la maguera y me salpicó, enseguida bailaba desenfrenadamente mientras me decía ¡Es el paso del cangrejo metálico astronauta matemático viajando de Marte a Júpiter! Se movía de un lado a otro, me aterré tanto que sentía frío en todo el cuerpo. No te preocupes, me decía es el paso del cangrejo metálico astronauta matema… ¡Cállate Romina, Cállate! los cangrejos no saben bailar, ¡Cállate Romina, Cállate! los cangrejos no saben de ti, ¡Cállate Romina! o le diré a tu mamá de las pistolas y el baúl. Romina quedó paralizada como en un principio yo lo estaba, fui un cobarde y empecé a llorar, me senté en el pasto mientras Romina se acercaba a morder mi cabeza, Arturo, no grites. ¿Qué te pasa? ¿Estas FURIOSO? Y soltaba una carcajada sarcástica. Como si sus ojos salieran de sus cuencas, asomándose y zigzagueando hasta mi cara. Estaba aterrado, ella se convulsionaba en carcajadas, la orina mojaba mis calcetines mientras el disfraz se volvía ridículo. Empujé a Romina, Corrí hacia la puerta de madera, ella reía y reía mientras pisaba hormigas cabezonas. Yo era una hormiga, Arturo la hormiga, contra la Reina Romina. Soy una hormiga sin cabeza que se come a su madre y luego a la vecina.
Desde aquel día no volví a su casa, pero la he visto un par de veces en la tienda de discos de vinilo. Fue una casualidad, una tarde entré y la vi salir del baño, como una muñeca tuerta que ha sido zarandeada y que ahora reposa en el lodo con los brazos mordisqueado, Aspiró fuertemente dos veces debajo del mostrador. Me miró, sus parpados temblaban ¿Arturo? Sí respondí y se reclinó en la silla de rueditas. Lindo traje, Asentí con la cabeza y salí torpemente como una chicatana con alas rotas. Ahora, cuando termino esto me digo Vales madre Arturo, a parte de pendejo, cobarde.
*Falta un poco más de trama y emoción(o ¿que dicen?), es que tenía muchas ganas de publicar algo ¡ya!. Ojalá me ayuden a mejorarlo. Saludos Gracias.

Wednesday, February 13, 2008

Perro Malteado


Esto ya está caducado—dijo mi madre mientras limpiaba desesperadamente el refrigerador— tíralo antes de que vomite. ¿La leche vomita, mamá? No seas ingenua, lo digo por mí, anda tíralo ya y procura cerrar bien la tapa del basurero, parece que nadie viviera acá. ¡Todo siempre se hecha a perder!
Estoy enfrente de moho, malos olores y sabores horribles sin embargo Cagada, mi perro, espera afuera para saborear algunos manjares: huesos, carne semi-apestosa, tal vez hasta pueda salir una rata de ese lugar. Mi mamá acostumbra a comprar la despensa casi por millar, miles de lentejas, miles de kilos de carnes, miles de kilos de jamón, miles de huevos, miles de frutas. Al final del mes es la limpieza del frigorífico, éste permanece igual a como lo dejo el ultimo mes después de ser limpiado a diferencia de que esta vez, parece estar todo en mal estado. La putrefacción no me da asco, pero si se trata de comida tal vez lo lamente un poco. Mientras mamá limpia, yo me encargo de vaciar lo inservible a un lugar mejor es decir, el hogareño basurero donde todo hierve, cruje, salpica, transpira y se mueve. Los colores son fabulosos. El negro de los frijoles, el rosado quemado de las chuletas, pan mojado, frutas apestosas llenas de puntitos blancos y verduzco, uñas de pollo, bracitos de muñecas quemadas, huesos de aceitunas, tomates podridos, latas de aluminio. Ahora recuerdo aquellas bolsas de plástico que reflejan caras de abuelas.

—Al fin hemos acabado hija, todo esta en buen estado ya nada de porquerías, ¿Me acompañas al súper?
—Hoy no quiero ir mamá, tengo que cepillar los dientes de Cagada
— ¿Qué? ¿Quién es cagada?
—El perro mamá, él también vive con nosotros.
—Claro, en fin, como quieras. Regresaré luego.
—Sí—
Lo que en realidad deseaba hacer era licuar la porquería casi viva que quedaba entre los bordes del basurero y junto con un líquido amargo que sale de ella, tomar un poco y compartirlo con Cagada. Tomarme a sorbos lo indeseable, lo mendigo y lo santo.
Saqué al patio una vieja licuadora y un litro de leche con dos días de caducidad. —Creo que mamá ya no ve las fechas de las cajas—No podía faltar un poco de vodka para amortiguar el sabor a tanta mugre. Conecté la licuadora, ya sólo faltaba la mezcolanza. Ahí puse todo lo indeseable y lo roñoso. Lo que para mí es gracioso para cagada simplemente es delicioso. En verdad que disfrutábamos estar solas y embriagarnos de suciedad. Aunque aún no sé si cagada se emborrachaba realmente o se alocaba al verme loca.
–Es lo último que nos queda Cagada, espera necesito conectarla. Por favor Cagada no te muevas de aquí ¿entendiste? NO TE MUEVAS. Tengo que llevar la extensión a otro enchufe, esto ya huele a quemado
La conecté de nuevo, cundo un sonido fatal me hacía vomitar ya. Era cagada quien se había asomado al vaso de la licuadora mientras las aspas le rozaban el hocico y la mareaban conforme las filosas aspas la atrapaban más y más.

— ¿Qué querías? ¿Que sobreviviera ante semejante arrollo? No nena, así son las cosas. Tal vez Cajeta…
—Se llamaba Cagada mamá
—…Tal vez Cagada no soportaba ya tan tremendo vicio, lo mismo sucede con nosotros. Nos ahogamos en vomito o tragamos veneno para ratas. Mejor acompáñame al súper, olvidé comprar vino.
No contesté pero vi cómo, mientras mamá me hablaba de la vida y la muerte, envolvía a cagada entre las bolsas negras luego en una caja y después en el auto.
—Anda hija tenemos que hacer algo con este perro malteado, compraremos un basurero nuevo. O una licuadora, ¿Qué prefieres?
No contesté otra vez, pero subía al auto casi al lado de Cagada, le gustará un último trago.




Monday, June 25, 2007

x_____X

por lo menos creo, aún, en tenr un cabaret azul.
estrellas fugaces y trenes maravillosos.

corre.
y liberate.

Tuesday, April 24, 2007

Regresamos

No es el calor ni la lluvia bochornosa porque donde quiera que uno este se piensa en lo mismo.Olvidamos lo de siempre y cagamos más. Una gota más de alcohol y quizá esto se convierta en un a taberna medieval. Más labios rojos. Más estrellas negras y menos humo en el aire. Enfrente de mí se encuentra una abuela junto a ella unos nietos que parecieran verle como un árbol viejo y empolvado. En una casa flotante al final del cerro y encima de los muertos. Se atraviesa el aire y la pobreza entre tanta mierda. Las puertas de los refrigeradores están enterrados hace ya varios años, quizá guardianes o eaqueletos que guardan el tiempo. Partí de ese lugar extraño y cercano al cielo. Media vuelta y el carrro caía en un precipicio sin alas ni paracaidas. Los labios se fueron rompiendo y las piernas se entumieron. Una piedra cae y parece que nunca tocará la pintura roja. Estás enfurecida.

Sunday, December 03, 2006

éxtasis!

Llegó tan tarde del trabajo que inmediatamente abrazó la almohada y comenzó a llorar, no sostuvo sus piernas y cayó asi de repente, entre el suicdio armónico. Dió vueltas como una rata en aceite caliente. Abrazó sus sueños como si fueran lo últimos. De pesadillas no hablaremos, las detestaba de por sí. 5 de la mañana y seguía depierto, inclinó su cabeza hacia el suelo y vio que el agua ya corría entre las patas de la cama, agua negra sin olor, agua que salió de su espalda. Ya se había dado cuenta que estaba empapado y comenzó a gritar. su alma empezaba a ahogarse entre la madrugada. 6 de la mañana y ya no era nada, un simple vacio que comienza al despertar y una lágrima negra que rodeaba su nariz. Una enfermedad: el delirio.

Thursday, November 02, 2006

Chorros de Humo

Quisiera morir escuchando… “No woman no cry”, con una pistola en la mano y veintitrés chelas.

Fue la mañana del martes, cuando el frió ya llegaba y se sentía en los dedos. El día siguió turbio, había fumado hierba durante más de dos horas, en intervalos de 25 minutos cada Joint. Para ese día, se le había olvidado la hora, el dinero, su nombre, su trabajo, se había olvidado de ser humano. Con la voz temblorosa y la sangre contaminada despertó como de un sublime arrullo, despertó mamando el seno, como si entre las nubes el semen se condensará y cayera entre sus dientes. Estaba simplemente de la chingada y con ganas de acabarse todas las lágrimas del mundo. De entre sus recuerdos matutinos tomó el más recóndito, aquél que había dejado en su adolescencia y que no le dejaba dormir algunas noches; Era su abuela, la mujer que le cuidó y lo protegió de noches sin luna y de los caparazones blandos que rodeaban por ahí. Soltando la primera lágrima que limpiaba su rostro sucio y enfermo, bajó hacia la cocina, tomó el posillo calentó agua y vació el café; un café con aroma de dioses y sabor a mierda, un vapor abrumador calentándose en una estufa coja.

Regresó al cuarto por unos cuantos cigarros rojos, tres o cinco daba igual. Ya no le eran suficientes ni pocos; Y cuando uno llega al punto de valerle madres todo, escoges lo primero, el primer impulso quiero decir. Prendió el fuego de nuevo, tiró de la nicotina cual sorbo ansioso. El café ya derramaba su furia entre las parrillas matando a unas cuantas cucarachas, quizá había espantado a una rata. La fusión del café le fue insignificante tras las cincuenta rarezas que ahí mismo había cocinado y derramado. Pasaban de las doce y media, cinco para las cuatro y no se había movido de la silla del comedor sorbiendo dos litros de cafeína y tres kilos de nicotina, morfina, ácido, coca. Tal vez ya no respire ni tenga tiempo de girar el gatillo. Los sintéticos quitan la vida, una sobredosis múltiple y una desesperación que cargaba entre las manos. Un fume de toda la vida, como un gran cigarro q nunca se acabará. Su abuela había muerto hace 20 años, él tiene la suficiente edad como para vivir solo y sin casarse. Mamó el seno hace mucho tiempo, único recuerdo de su infancia. Probó el semen a los diecisiete, único rastro sexual en su vida. Aprendió a fumar hace un año, muestra de su increíble afición para mantenerse drogado y olvidar, ser olvidado.

Friday, October 13, 2006

Madrugada, mi madrugada!

Con los días sinceramente de la verga y numeros que califican tu desempeño, me veo lejos y apartada de muchos; sembrando marihuana por pura afición y muriendo sola, trágicamente es mi futuro a grandes rasgos, tragicamente quizá mañana no estés tú, ni él, ni yo. !Así que todo ya mamó! hay que tirar la basura!.


P.D. escuche un comentario ligeramente local y curioso:

-¿Oye y para que ponen las barricadas?
-!Pues para que no pase URO!